Los Suaves: la musica termina

En serio? parece que no, que van a haber más conciertos, que estamos ante un nuevo caso “Scorpions” y que aún no se retiran del todo, aunque esta claro que la musica de Los Suaves va a terminarse en un futuro no muy lejano. En cualquier caso muchos de los presentes en el concierto de Razzmatazz, servidor incluído, fuímos con la idea de que sí era la última vez. Y, en mi caso y el de mis compañeros, era además un reencuentro con una banda que nos dejó una huella muy profunda, yo diría que eterna, hará ya más de veinte años. No recuerdo con exactitud cual fue la última vez que los ví, pero sí puedo asegurar que fue en el siglo pasado…

Y sí, claro, habían ganas, muchas ganas. Y un claro conocimiento del estado de forma de la banda, tanto de su indiscutible lider como del resto de musicos, y había una idea bastante claro de qué tipo de repertorio iba a sonar. Servidor, por si la memoria le traicionaba, hizo los deberes y repaso algunos de sus clásicos más memorables a la vez que se familiarizaba con los nuevos clásicos, descubriendo joyas como “Cuando los sueños se van” o enfrentándose a conciencia con ese clásico moderno que es “Palabras para Júlia”, canciones que tenian todos los números para servir de pistoletazo de salida a dos horas que prometían mucho, muchísimo. Y así fue.

A veces uno va a ciertos conciertos con excesivas expectativas, otras esperando poco, y hasta a veces sólo a verlas venir. Yo, la verdad, tenia ganas, muchas ganas. Los Suaves han sido una banda muy especial para mí, mucho. Y les seguí a muchos sitios cámara de fotos en una mano, y libreta (sí, libreta, ja ja) en la otra. Les fotografié por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Escribí sobre sus discos y sus conciertos, más sobre lo segundo por historias que ahora, sinceramente, no vienen a cuento. Pero es que cuando hablo de ellos no puedo evitar recordar esos años, mágicos, en que uno había empezando siendo fan a muerte para acabar siendo un periodista con acceso total y prácticamente ilimitado al grupo. Y eso marca. Siempre consideré a Yosi como el mejor, o uno de los indiscutibles cracks de la pluma rockera de este país, y su innata capacidad para conectar con su público escribiendo de una manera muy cruda pero muy sincera, directa al corazón, sin tapujos, sin medias verdades. Te gustaran o no. Con la muerte, el mal fario, sus tormentosas relaciones con sus mujeres y su pasión por el rock´n´roll por bandera. Su amor por Thin Lizzy. Su explícita manera de explicar cosas que nadie haría, y menos de esa manera. Su talento para recrear historias cotidianas, generalmente de perdedores, como la eterna “Siempre igual”; cronista de su época y su tiempo, de su banda, sincero y duro, directo a la yugular (“esta vida me va a matar”), Yosi ha sido y es el frontman rockero por excelencia, llevando una vida intensa y agitada que le hace aparecer a los ojos de gran parte de su público como un auténtico héroe. Y después de tantos años, ahí estaba de nuevo encima de un escenario, el de Razzmatazz, antiguo Zeleste, testigo de algunas de sus mejores actuaciones. Allí grabaron su mítico primer disco en directo, allí estuve yo con parte de mis amigos ya totalmente entregados a un grupo del cual meses atrás prácticamente nada sabíamos. Yo recuerdo especialmente la presentación de “Ese día piensa en mí”, su tercer disco, a la que fuí “a ciegas”. No los conocía, ni había oído hablar de ellos. Y aluciné, la impresión fue bárbara. La sala, llena. La banda, desbordante. En esa época “Siempre igual” la cantaba el público, y eso ya fue lo máximo. Al dia siguiente ya me había comprado el disco en cuestión, y en poco tiempo me hice con los dos anteriores. Y parte de sus temas más queridos están ahí, entre el primero y el tercero. Y sí, sonaron unos cuantos, como  “¿Sabes? ¡Phil Lynott muró!”, la eterna “Dolores se llamaba Lola” (una bomba de relojería, no me cansaría nunca de escucharla ni de cangtarla), ese “No puedo dejar el rock” mágico como pocos, la triste y desgarradora “Ese día piensa en mí” (ya en los bises, preciosa), una sorprendente “Esta vida me va a matar” que había desaparecido hace ya muchísimos años de su repertorio y que fue felizmente recuperada (qué letra, por favor…”no saben que el rock, amigo, se escucha con el corazón”), todos ellos eufóricamente recibidos, cantados (gritados) a pleno pulmón. No faltaron canciones de otros discos emblemáticos que son también clásicos de la banda gallega como “Pardao”, “Maldita sea mi suerte”, “Viajando al fin de la noche” o “Malas notícias”, todas ellas cantadas por un Yosi que aguantó muy bién el tipo, respaldado por una espléndida banda que ha mejorado mucho a los Suaves de mi época. La entrada de Fernando Calvo como segundo guitarrista (pero de primerísimo nivel, me pareció espléndido!) y de Tino Mojón como bateria ha elevado mucho el nivel de la banda, logrando un sonido compacto y poderoso que hace justicia a sus canciones. Alberto Cereijo sigue siendo el gran director musical de la banda y entre todos tuvieron, la verdad sea dicha, una noche muy inspirada. Todo fue a pedir de boca, o casi todo (esa lagrimita que hubiera echado en “Peligrosa María”…aiss…o esa poderosa “Dulce castigo”, uno de sus temas más redondos extrañamente ausente del set esa noche), y sí, ese solo interminable de “La noche se muere”, mal escogida a mi juicio para terminar el concierto. Uno se queda pensando que en vez de tanto solo hubiera habido sitio para al menos otro tema, pero claro, Yosi no debía literalmente poder más, y además Alberto estaba, justamente, exhibiendo sus galones, merecidísimos.

Lo cierto es que fuímos a disfrutar y disfrutamos. Fuímos a pasar un buen rato y lo pasamos en grande, como de hecho hacía tiempo que no hacíamos, más los que llevábamos muchos años alejados de sus conciertos. Fuímos a corear nuestros himnos favoritos y casi los tocaron todos. La santísima trinidad formada por “Siempre igual”, “No puedo dejar el rock” y “Dolores se llamaba Lola” brilló con más fuerza que nunca. Hubo hasta versión/adaptación de Thin Lizzy (¨Massacre”) y solo “piel de gallina” de “Highway star”. Por no faltar hasta Yosi sacó las banderas de Catalunya, Galicia y Los Suaves. Y se tiró al público, como en los viejos tiempos (“es que lo había prometido”, dijo sonriendo cuando lograron devolverle al escenario, consciente de que ya no está para esas hazañas). Hubo de todo, y todo bueno, la verdad. La banda estuvo espléndida, Yosi dió el callo, y hubo en fin una catársis colectiva de esas que se recuerdan. Fue, como decímos en las grandes ocasiones, un puto bolazo. Y qué bién que estábamos allí para vivirlo.

Por cierto, me da igual si vuelven o no. No sé si volveré a verlos, aunque realmente ha sido una especia de despedida/reencuentro que apetece dejarla tal cual. Y dentro de unos años recordarlo con una sonrisa en los labios, poner de nuevo sus discos (decididamente tenían demasiado polvo acumulado…) y cantar sus clásicos una y otra vez.

Suaves, per sempre.

~ per picanyol a 26/04/2015.

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