The Jayhawks, siempre un placer

Volvian Jayhawks a Barcelona nueve meses después, de nuevo con su formación “post Olson”, o con el “line-up” de “Sound of lies” sin disco nuevo ni tan solo nuevas canciones, “solo” con las “mismas de siempre”, como dijo Gary Louris en el concierto. Claro que en su caso esas “mismas de siempre” son parte del mejor cancionero americano de las últimas décadas, y entrando en terreno personal son directamente algunas de mis canciones favoritas “forever and ever”. Vamos, parte imprescindible de la banda sonora de mi vida. Y de la de mucho de los presentes en una noche irregular pero al mismo tiempo deliciosa, desconcertante y vibrante a partes iguales.

Cuando uno de enfrenta a uno de los grupos de su vida siempre corre dos riesgos básicos: dejarse llevar por la emoción pura y dura y olvidarse de ciertos formalismos y criticismos, o por el contrario ser demasiado estrictos y estar en definitiva demasiado atento a todo, tanto que corres el riesgo de ver un concierto diferente del resto de los mortales, y distorsionado por ello. Sin duda, en el que fue el retorno de la formación “SOL” en Julio del 2014 yo tomé la primera opción y puede que fuera demasiado eufórico en mi valoración post concierto, aunque he de decir que disfruté tanto como en los viejos tiempos. Salté, grité y me estremecí de verdad, sin duda (entre otras muchas razones) porque ésa era la formación ideal de la banda para un servidor, porque era la primera vez que los veia con Karen Grotberg en los teclados y porque exceptuando ese cambio en las teclas fue la formación de la que nos enamoramos para siempre en la gira “mondo sonoro” de febrero del 2001, el inicio de una aventura inolvidable y el principio de una amistad verdadera. Digo todo esto porque ya en ese momento hubo gente que discrepó ampliamente de mí y el otro día, al final del concierto, unos cuantos seguían en esa tesis, afirmando que el de la otra noche había sido muy superior. Y ahí, señores, es donde definitivamente discrepo, al menos en la valoración global del asunto. No puede, desde mi punto de vista, decirse que fue ni una noche memorable ni tan solo un “bolazo” cuando hasta la mitad del concierto la banda de Minneapolis estaba casi naufragando, o como mínimo tenía serios problemas para mantenerse a flote. Parte de ellos fue un sonido absolutamente nefasto que parecía afectarles demasiado, como si realmente ellos fueran plenamente conscientes de cómo estaba sonando “afuera”, y que además impedia que todo sonara en su sitio y, por lo tanto, que la cosa fuera sobre ruedas. En las diez primeras canciones no se salvó ninguna de la quema, nada sonaba bién compactado, con garra, con delicadeza cuando tocaba, ni se veía a la banda bién conjuntada. De hecho, me atrevería a decir que fue la peor hora que les he visto hacer en casi quinze años, y si no lo fue se acercó, y mucho. Y eso que sonaron joyas del calibre de “Angelyne”, “Save it for a rainny day” (sus dos últimos grandes hits, y dos de sus mejores canciones EVER), “The man who loved life” o “Nothing left to borrow”. Todo eso después de salir a escena con su tema más popero, “I´m gonna make you love me”, y seguir inexplicablemente con “Ain´t no end”, que sí, es una gran canción, pero en una posición totalmente errónea, y más después de empezar con una canción de las características (festivas) de “I´m gonna…”. En fin, que el concierto amenazaba ruina cuando el gran Tim O´Reagan arrancó con la deliciosa “Tampa to Tulsa”…y de repente Louris se puso a hablar cuando Tim ya estaba cantando, cortándolo y forzándole con ello a volver a empezar. Gary, por muy déspota que pueda ser en algún momento (como todos los líderes de bandas), no hace esas cosas a la ligera, con lo cual, y visto como iba el bolo, probablemente el bateria de Jayhawks había empezado la canción desafinado. En fin, que volvieron a empezar y se obró el milagro, todo sonó en su sitio, y al final tuve la sensación que habían dado con la tecla que llevaban rato buscando. Era la primera canción que bordaban, y a partir de ahí fue casi un festival, sobretodo si lo comparamos a esa nefasta primera mitad de concierto. “Waiting for the sun” acrecentó esa sensación, rubricada con la por siempre especial “Settled down like rain” (bordada!), la emocionantísima “Trouble” (de lo mejor de la noche), la oscura “Sixteen down” (primera vez que a tocaban en Barcelona!) y la eterna “Blue”, aunque el mejor momento de la noche yo se lo reservo a “Until you came along”, el temazo de Golden Smog que es sin duda una de la mejores canciones que ha escrito Gary Louris en toda su carrera, eufóricamente coreada por toda la sala y espéndidamente interpretada por una banda que sí, ahora sí, se estaba “saliendo”. Lo remataron con “I´d run away” y todos más que eufóricos, con una sonrisa en la labios esperando unos bises bastante cantados: “All the right reasons” (debilidad personal, entre lo mejor también de su repertorio), la popular y por siempre eterna “Bad time” y un “Tailspin” que sonó a gloria bendita y fue también muy celebrada, pero que servidor no cree nada adecuada para cerrar un bolo de esta gente, y más teniendo una eternidad de joyas para escoger.

En fin, que hubo un poco de todo pero al protagonizar una segunda parte muy buena pues la gente se quedó con eso, con que habían visto un bolazo. Y bueno, no es del todo cierto pero sí lo es decir que las ultimas diez canciones estuvieron a la altura de la banda y de su prestigio, y eso ya es mucho. Hasta muy pronto, o no, hasta cuando pueda ser. Necesitamos a esta banda como el aire que respiramos, esto es un hecho!

~ per picanyol a 17/04/2015.

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