The Wayne Shorter quartet: Sin red

Partamos de la base, o de la premisa, que estamos ante el mejor compositor vivo que ha dado nunca el jazz. Y que, además, se rodea de unos músicos excepcionales, formando la que probablemente es la mejor banda de jazz que uno puede ver hoy en día. Y ese compositor, saxofonista para más señas, fue el ídem de la mejor (o, como mínimo una de las mejores) banda que acompañó a Miles Davis en su etapa más dorada. Metan todo esto en una coctelera y saldra Wayne Shorter y sus maravillosos colegas  Danilo Pérez, Brian Blade y John Patitucci. Unos monstruos.

De nuevo por cortesia del Festival de Jazz de Barcelona pudimos disfrutar de una velada inolvidable de…jazz? Sí, sin duda, pero con un claro y contundente mensaje: que nadie espere jazz accesible, con sus melodias  be bop, sus correspondientes solos y sí, largascomposiciones pero dentro de un orden. Shorter y sus compinches son mas bien partidarios de todo lo contrario, eso es, rompen reglas y avanzan, tiran pa´lante, sin miedo, sin red. Lo de la otra noche en el Auditori fue otro salto triple mortal, sin miedo a caer en el vacío, sin trampa alguna, sin importarles realmente qué podia pasar si aquello no saliese bién. La velada empezó despacio, como si aquello fuera un ensayo en su viejo local, cuando van llegando los músicos y, por decirlo de una manera más gráfica, van sacando el polvo de sus instrumentos, comprueban que todo esté en orden y empiecen a calentar. Poco a poco van acercándose, juntándose, poniendo las piezas en su sitio, com si estuvieran tratando de montar un rompecabezas. El público asiste en un silencio casi sepulcral a los movimientos de esos cuatro tipos raros a los que, aunque no acaban de entender del todo lo que estan haciendo, reverencian por su afán de seguir inverstigando, de forzar la máquina, de no recrearse en lo que sin duda seria un bolo más fácil y digerible haciendo unos cuantos estandards o sin duda ir a buscar en el baul de lor recuerdos algunas piezas más easys de la primerísima etapa de Shorter en Blue Note. No, ellos siguen a la suya, y o te metes con ellos en el laberinto o no vas a salir de él ni de coña. Inconformismo es pues una palabra imprescindible para entender la musica que crean estos genios que, sí, se presentan con el nombre más “comercial” de todos ellos pero que solo ejerce de líder en dos campos: el de la composición, cosa que por supuesto no es moco de pavo, y el ya mencionado de reclamo.,de imán para los fans del jazz. Podria esperarse que Wayne Shorter ejerciera un liderazgo musical más evidente en directo, pero no, más allá de su ubicación en el escenario allí todos son protagonistas, todos. Que servidor tenga una debilidad colosal por el bateria Brian Blade (sin duda,el mejor que ha visto en el mundo del jazz y unos de los tops absolutos mundiales) no es mas que eso, una debilidad, porque también podria decirse que Danilo Pérez es el hilo conductor del discurso del quarteto y que Patitucci lo borda de igual manera.  Asistir a un recital de esta gente es sumergirse durante hora y media como máximo (los 81 años del saxofonista se notan solo en eso…y en que permanece sentado todo el concierto,  en nada más) en un discurso fascinante, teñido de un espíritu aventurero y desafiador como pocas veces puede verse hoy en dia encima de un escenario, y se asemeja realmente a un recorrido por un laberinto a cuatro manos que finalmente se encuentran en la salida al final del concierto, con pequeñas pausas para poner en orden sus ideas. O también, como he mencionado antes, a la construcción de un complejo rompecabezas con un espíritu rebelde, joven, alegre (daba gozo, envidia, ver lo bién que se lo pasaban los músicos!) y sí, desafiante, retador. En la que era mi tercera cita con este fabuloso cuarteto (bueno, la segunda de hecho, ya que en su primera visita a Barcelona Danilo Pérez no pudo asistir, siendo reemplazado nada más y nada menos que por Herbie Hancock, en la que fue una velada estelar al amparo de la belleza del teatre Grec) y en todas ellas el “bingo” ha sido rotundo. Lo fue en esa mágica noche de verano con Hancock y lo volvió a ser, ya con Pérez, en el mismo escenario que esta última vez (Auditori y Festival de Jazz), en la que yo personalmente recuerdo como uno de los conciertos más grandes que he tenido el privilegio de asistir. Quizás por la distancia respecto a ese día sigo pensando que ese concierto fue mejor que éste último, aunque no logre recordar el motivo concreto…

Lo dicho, qué grande que puede llegar a ser un concierto, un recital, aunque sea  de hecho un “simple” ensayo  magistral de cuatro musicos ante cerca de dos mil personas. Sí, realmente pareció un ensayo, ja ja, pero de auténtico lujo!

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~ per picanyol a 04/11/2014.

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