Calexico: Sin límites

El recuerdo de un concierto suyo en La Paloma llevaba flotando en algún rincón de mi memoria desde hace bastante tiempo. No recuerdo en qué gira fue ni apenas recuerdo gran cosa del concierto aparte de irme con la sensación de haber visto a un pedazo de banda, a alguien que mezclaba con mucha habilidad diferentes raíces, americanas y latinas, que se atrevia a entrar en un terreno sumamente resbaladizo del cual más de una y más de dos bandas se han pegado porrazos memorables. La irresistible atracción de ese sonido de trompeta tan característico, ese toque “fronterizo” que asocias a la banda de Tucson con los ojos cerrados, podia acabar por jugarles una mala pasada si no lo administraban con tacto y delicadeza, con clase y, sobretodo, con canciones. Pero lo han hecho bastante bién, la verdad, y han ido creciendo como banda hasta ser capaces de entregar el que probablemente es su mejor disco, el estupendo “Algiers”, motivo más que suficiente para ir a verles de nuevo y comprobar en qué estado de forma estaban encima del escenario Burns, Convertino & co.

Ya he dicho más de una vez, de dos y de tres que un buen set list, especialmente el orden en el que es ejecutado, puede llevar a un éxito seguro (si la materia prima es de calidad, por supuesto) y que lo contrario te puede arruinar el bolo con una facilidad pasmosa. A veces puedes empezar titubeando y más adelante arreglar las cosas o descarrilar por completo. Y hay otras en que empiezas de maravilla, pese a poder haberlo hecho mucho mejor, y cuando en tan solo tres canciones tienes a todo quisque en el bolsillo perder el rumbo por querer irte de copas con un amigo que, sí, es como de la familia, pero que a lo mejor tus invitados no reciben con tanto agrado como tu ni le gustan tanto sus maneras. Y en tres canciones más corres el riesgo de que el bolo se te vaya a la mierda, literalmente. Claro que si tienes un buen puñado de ases en la manga y poco a poco, con tacto, con sabiduria, con un buen hacer y un excelente elenco de musicos detrás tuyo vas enseñándolos, vamos, los sacas y los ejecutas con precisión, con clase y, sí, con el alma pues entonces puedes ser muy capaz de salir por la puerta grande. Incluso aunque al final te dé un ataque de “musiquitis” y quieras cerrar un concierto de una manera un tanto forzada, por muy bonita que sea esa manera.

Calexico hicieron todo esto en su nueva visita a Barcelona. Con “Algiers” como principal argumento e hilo conductor durante todo el recital (casi la mitad del repertorio eran canciones de este disco) Joey Burns y John Convertino quisieron convertir a su amiga y colaboradora Amparo Sánchez en una más de sus músicos, o en una invitada recurrente durante cuatro canciones del show. No pasa nada, Amparo canta en varias canciones de Calexico, tienen en común muchas cosas y que aparezca en “Roka” o “Inspiración” (esta última mucho más inspirada, valga la redundancia) es parte del juego. Bién. Hasta es de recibo que, ya que está en la sala, vuelva a salir hacia el final, con la genial y cubanizada “Guero Canelo”. Correcto. Pero que su primera aparición sea en el cuarto tema del concierto, y encima después de la irresistible “Splitter” (mi tema predilecto del disco), eso ya chirría demasiado. Un poco puesta con calzador, como diciendo “venga ya, que salga cuanto antes”, y tampoco es eso. Sobretodo, sobretodo, porque eso implicó que Amparo cantara ella solita otra canción, que ya habian grabado hace tiempo y que ahora ha recuperado para su nuevo disco. De nada, para eso estan los amigos, debía pensar Joey Burns. El problemilla es que la canción en sí, “Muchacho”, era una verdadero peñazo y provocó que el ritmo del show, ya un poco dañado por la temprana interpretación conjunta de “Roka”, se fuera a tomar por culo. Literalmente. La banda pareció un poco perdida porque insistió en tempos parecidos con “Dead moon”…y aquello parecía un funeral. Afortunadamente, volvieron las canciones de “Algiers” al rescate y gracias a “Para” pareció que la chispa volvía a prender, percepción confirmada a continuación gracias al clásico instrumental “Minas de cobre”. Ay, esos metales, qué bién que van…y así de bién íbamos que nos tomamoscon buen humor que volviera a salir la susodicha para -no es coña- lucirse junto a Jacob Valenzuela en “Inspiración”. Valenzuela, un máster, estuvo de hecho soberbio todo el show junto a su compañero trompetista (y acordeonicista y un sinfín de instrumentos más) Martin Wenk, protagonizando algunos de los mejores -y más celebrados- pasajes de la noche. Aunque bueno, su momento estelar fue ese momento glorioso en que con una mano tocaba la trompeta y con la otra una maraca. Enorme, imagen genial en plan “yo puedo con todo, estamos que nos salimos”. Mención especial merece también el guitarrista Jairo Zavala, miembro itinerante del grupo por lo que me contaron y que se ganó el sueldo a base de bién, incluso cantando en la celebradísima “Victor Jara´s hands”, minutos  “gallina de piel” del show cuando éste ya iba en velocidad de crucero, alcanzada a partir de “Sunken waltz” y “Maybe on monday”. Rozando los bises aún tuvimos otro momentazo “Algiers” (la bellísima “Puerto”, mestizaje calexiano al poder) y por supuesto otra aparición de la amiga Amparo para enriquecer los coros de la cubanísima y espléndida “Guero canelo”.

Los bises llegaron de dos en dos, dos tandas, y con ellos el placer de escuchar y ver a Blind Pilot (eso los que nos perdimos su actuación) junto a parte de Calexico bordar “Look at miss Ohio”, delicada pieza de Gillian Welch que nos dejó a todos tan boquiabiertos que hasta callaron los que estaban al lado de las barras. True momentazo gallina de piel, hay que buscar los discos de esta gente, qué clase! Con toda la sala aún conmocionada cayó “Sinner in the sea”, otro de los muchos “highlights” de su último disco (y del concierto) y aún hubo tiempo para dos temas más…uno festivo y otro reposado, tranquilo, intenso…Lo más normal, almenos desde mi punto de vista, hubiera sido hacer -y más tratándose del último bis- la tranqui primero y la festiva después. Pues no, al revés, y aunque por un lado he de reconocer que quedó original, y hasta bonito, por otro diré con más intensidad que quedó extraño y un poco de sensación de “cortada de rollo”. Vamos, que no pasa nada, que eso es una tiquismicada pura, pero es lo que me vino a la cabeza sin premeditación ni alevosía cuando se encendieron las luces de Apolo.

En fi, una noche entretenida, con grandes momentos, vibrantes solos, espléndidas canciones y una poderosísima banda que entiende la fusión como pocas bandas lo hacen en este mundo. Y un nuevo disco que apunta a lo más alto de mi top del año.

~ per picanyol a 12/11/2012.

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