John Hiatt, el algodón no engaña

Ya lo decía aquel famoso anuncio de “Ten”, ¿correcto? John Hiatt no engaña, eso lo sabe el fan acérrimo y el simple aficionado que se acerca por primera vez a verlo: no saldrá decepcionado, ni mucho menos. Al contrario, recibirá grandes dosis de sabiduria, buen humor, generosidad a raudales, saber estar sobre un escenario, toneladas de clase y sobretodo buena música, muy buena música a través de clásicos eternos y alguna que otra pinzelada a su nuevo disco. Parece una gran combinación, y de hecho lo es, sobretodo si lo ves por primera vez y estás ávido de clásicos, pero si ya van cuatro y crees que sus últimas 5 entregas merecerían tener presencia en el set list, sobretodo la última, que por algo viene, entonces la cosa cambia…

John Hiatt es un “pequeño” clásico, una joia del rock americano, un precursor -también- del sonido “americana” que en nuestro país es un secreto muy bién guardado. No se piensen que en el resto del mundo la cosa es muy diferente, ya que Hiatt nunca ha sido hombre de grandes audiencias. Pequeñas pero fieles, de esas que lo consideran como uno más de la família. Como servidor. Cumplidos ya los 60  John Hiatt es un hombre que le sienta bién envejecer y al que le costó trabajo dar con la tecla adecuada, ya que no fue hasta 1997 que puso el dedo en la llaga con el afamado “Bring the family”. Anteriormente, de todas maneras, otros artistas habían empezado a versionear sus canciones convirtiendo este hecho en algo clave en su carrera. Como ejemplo solo hay que acudir a la versión que Bonnie Raitt se marcó del infalible “Thing called love”, catapultada al Top 11 de los USA Charts y que reportó algo más que sustanciosos royalties para nuestro hombre de Indiana. O “Riding with the king”, que años más tarde versionearon juntos Eric Clapton y BB King en su álbum conjunto, titulado precisamente con esta canción, y que fue doble platino. Hagan cuentas…

Esto iba a cuenta de lo bien que le sientan los años, y es que desde “Benneath this gruff exterior” el hombre da diana contínuamente. Pinchazos considerados como tales artísticamente hablando, ya que comercialmente nunca ha vendido realmente bién, serian sobretodo “Little head” y en menor medida “The tikki bar is open” y “Perfectly good guitar”, pese a que ambos cuentan con piezas más que dignas. Pues bueno, pese a que el de Indianapolis podria perfectamente tirar de esos últimos cinco discos y dejar cuatro o cinco hits para completar el repertorio sufre el síndrome Tom Petty o AC/DC, con la particularidad de que los últimos discos de estos artistas probablemente no dan tanto la talla como los de Hiatt. O sea, tiramos de “greatest hits”, que total “es lo que quiere escuchar la gente”, y limitamos el nuevo disco al puro testimonio. Si tenemos en cuenta que los fans de Hiatt lo son de verdad, vamos, que más de la mitad se han comprado o al menos escuchado con profundidad el nuevo disco de turno, dicha actitud o táctica no deja de sorprender. En su caso concreto se da la circunstancia de que aparte de colarnos (con gusto) los hits de turno también rescata antiguos temas ante la desesperanza de quienes, como yo mismo , se mueren por escuchar más canciones de su notable último disco “Dirty jeans and mudslide hymns” (¿tan poco lo aprecia como para tocar tan solo dos, con suerte tres piezas?), o alguna de sus dos anteriores y espléndidos “The open road” o “Same old man”, especialmente en mi caso concreto de este último ya que su correspondiente gira no pisó suelo europeo.

Ok, soltada ya la pataleta del repertorio pasemos al concierto en si, sin antes puntualizar que tampoco es que sea un obstáculo para disfrutar del concierto, ni mucho menos, sino un “molaria que…” propio de un fan que ya lo ha visto en cuatro ocasiones, tres de ellas fuera de mi ciudad, y que empieza a querer cosas propias de los fans acérrimos, je je. Pues eso, que como ya habrán adivinado el concierto tuvo poco de presentación del “Dirty jeans…” y mucho de reivindicación de su legado, especialmente del binomio “Bring the family-Slow turning”, especialmente de “slow…”, sus dos mejores obras de hecho, o las más redondas, más completas, más certeras e inapelables formando entre ellas dos la mitad del repertorio. El resto tuvo pinzeladas de aquí y de allí, pequeños-grandes (para nosotros) hits como “Cry love”, “perfectly good guitar” (pese a faltarle un poco de empaque, vaya, que se quedó a medias la cosa) o “Crossing Muddy Waters” y consabidos bises estelares.

El recinto, el Teatro-Circo Price, me pareció frío, incómodo y sonó a rayos y truenos durante las primeras cuatro canciones. O quizás deberíamos decir que el sound-man de Mr. Hiatt creía que eso iba a estar lleno y al estar medio vacío no daba una. El arranque con “Master of disaster” ya fue sospechoso, algo fallaba en la voz y algo fallaba -directamente-  en general, con especial protagonismo (negativo) del bajista Patrick O´Hearn, un tipo con aspecto de miembro de Blink 182 que descuadraba -visualmente sobretodo- escandalosamente en una formación comandad con maestría por el espléndido guitarrista Doug Lancio, un Nasville-Mississippi de pura cepa con dominio especial de la mandolina y sensibilidad exquisita ideal para acompañar a Hiatt y suplir con elegancia la falta del saxo en la pieza inicial. Con “Tennesse plates” (presente en la B.S.O. de “Thelma&Louise”, por cierto) se vió que aquello realmente no sonaba nada bién y esa sensación agridulce que teníamos todos (felicidad al estar ante el maestro de Indianápolis, contrariedad por el sonido) se acentuó en “Real fine love” para estallar con todo su “esplendor” en la fantástica “Down around my place” (una de las dos únicas visitas al nuevo disco), donde a uno le dió ganas de levantarse e ir a charlar un poquillo con el técnico de sonido…o de gritarle al niñato del gorrito (léase tipo con look grunge-punk popero con un bajo colgando) que ese bajo suyo sonaba como el puto culo. Así, tal cual. Vamos, que la cosa iba de mal en peor y el concierto amenazaba ruina…hasta que Hiatt se sacó de la chistera la que para mí fue la sorpresa de la noche, una de esas canciones que por si sola vale todo un concierto y que, en mi caso particular, justificó el viaje a Madrid: “Dust down a country road”, maravilla del aclamado “Walk on”, uno de mis discos favoritos de siempre que sonó a gloria bendita, cantada magistralmente y con una mandolona deliciosa es poco. Y ya que estábamos, y tras un “Crossing MW” estelar pasamos a un “Cry love” poco menos que eufórico, para rematar -probablemente- el mejor tramo del concierto, o uno de los dos mejores, con la delicada “Adios to California”, una de las mejores canciones del susodicho nuevo disco sino la mejor de todas. Pasamos luego a un pequeño -de nuevo- bloque de “Slow turning” con “Drive south” y “Paper thin”, la segunda de las cuales sonó excesivamente dura y poco adecuada a lo que es John Hiatt hoy en dia (de hecho, a lo que ha sido siempre), y vamos, las hubiera cambiado por dos nuevas en un segundo…Así que tras una tristemente -por bonita- fallida “Perfectly good guitar” (no dió la talla que merece) enfilamos la recta final con un trio de ases imbatible, infalible e imprescindible: “Feels like rain”, “Thing called love” (espectacular) y “Slow turning”, para finalizar el set -como viene haciendo desde hace siglos- con la sobrevalorada -por él mismo especialmente- “Menphis in the Meantime”, canción con la que no mantengo una relación muy afectuosa precisamente, pero bueno, uno que es muy tikis-mikis.

El bis fue no por conocido menos especial. Una para siempre emotiva “Have a little faith in me” (me faltan las palabras, qué maravilla de canción!), que servidor tuvo en su momento la suerte de escuchar en directo con piano de cola, y una inesperadamente vibrante, apoteósica y enérgica “Riding with the king”…no me pregunten por qué no esperaba que fuera tal y como la acabo de describir, será que hace año y medio en Barcelona estava a estas alturas de bolo tan extasiado que ya no me importaba nada. Lo que fuera, pero he de decir que en Madrid disfruté de esta canción de una manera muy especial, mucho. Quizás porque me temo voy a tardar en volver a encontrarme con un hombre al que venero, respeto, admiro y aplaudo, sobretodo aplaudo, por la constancia que ha tenidoa lo largo de su vida, por su tenacidad, valentia, por las mil y una adversidades personales que ha sufrido y naturalmente por todos esos maravillosos discos que tengo en casa y que me hace recordar, cada vez que los escucho, que hay algo tan especial en ellos que nunca me van a abandonar. Ni yo a ellos. Y a su autor, pues muchas gracias de nuevo, y un placer, como siempre.

~ per picanyol a 31/07/2012.

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