Tom Petty en Paris: descubriendo a The Heartbreakers

No les diré, como si haría gente como Sílvia Beltran, que estaba ante la “cita de mi vida”, o ese concierto que has estado esperando durante muchos, muuuuchos años. No. De hecho, durante gran parte de los 26 años que llevo viendo conciertos Tom Petty no solamente era una quimera sino también aquel tipo “guapito” cuyos discos sonaban un poco blandengues pero que gustaba a mucha gente “de los que entendian de rock americano”. Mi primer contacto con Mr. Petty fue en una rueda de prensa en Londres para presentar “Into the great wide open”, allá por el año 91/92, cuando Nando Cruz me encargó que POR FAVOR fuera a grabar dicha rueda de prensa. Por aquel entonces servidor solo escuchaba rock duro, tirando a heavy metal directamente, y el amigo Tom le parecía un auténtico nenazas. Si encima recordamos que el single era la canción que daba título al disco pues entenderán que mi interés por el tipo fuera más bién nulo. Y así fue durante muchos años. Con el paso del tiempo servidor fue educando su oreja hasta que personajes como John Mellencamp, John Hiatt y todo lo que posteriormente se llamó “americana” se convirtieron en la principal banda sonora de mi vida. Tom Petty seguía allí, en un rincón, hasta que cayó en mis manos un ejemplar de su estimable “Greatest Hits” y…ah, pues no está tan mal. Fueron entrando otras cosillas, como “Echo”, pero de todas maneras he de reconocer que tampoco perdía el culo por él. Además, eso de verlo en directo, que ya empezaba a interesarme, era empresa imposible, así que la leyenda fue creciendo. Y después de viajar a Londres para ver a Mellencamp y a Greg Allman a uno se le quedó el cuerpo tan a gusto que soltó aquello de “solo me falta ver a Tom Petty”. Y sí, me dí cuenta de que realmente tenía ganas, de que DEBIA verle, que tipos como él merecían un viaje…a Paris, por ejemplo, y si era para verlo en Le Grand Rex, ya ni te cuento.

Así que el dia en que se anunció la gira europea (que nunca ya nadie pensaba que iba a hacer) mis hormonas musicales (¿existe eso?) se revolucionaron y la decisión de ir a Paris se confirmó. Convencí a los hermanos Resines para que me acompañaran y “dit i fet”, las entradas eran nuestras después de un ratillo de nervios ante la pantalla del ordenador, y sin saber muy bién si había comprado platea o balcón principal (el dia del bolo, ya dentro del Grand Rex, vimos con disgusto -al principio- que no eran de platea sino en el pirmer piso…y al final lo vimos casi mejor que si hubieramos estado en platea) . A partir de ese momento empezó el proceso “vamos a prepararnos”, o sea, a estudiar un poquito. Y me fue entrando no ya el gusanillo de verlo y de escuchar esas canciones sino unas auténticas ganazas. Sabia que iba a ver a todo un caballero, a una banda elegante como él y profesional como pocas, pero lo que no esperaba era encontrarme a una verdadera máquina capaz de rockear mucho más duro de lo que jamás hubiera llegado a imaginar, sobretodo si tenemos en cuenta que durante mucho tiempo pensaba que a esta gente “le faltaba sangre”.

Antes de la descarga de Tom Petty & The Heartbreakers tuvimos el placer (no todos) de degustar una magnífica actuación de Jonathan Wilson (la próxima vez dile al público quién eres, colega), a medio camino entre Pink Floyd y Neil Young (no es tan raro como pueda parecer…), con buenas jams, magníficas canciones y excelentes músicos que durante 45 minutos deleitaron a quienes tuvimos la paciencia de concentrarse en ellos. No todas sus canciones entran a la primera, desde luego, y menos si preceden a Tom Petty…el ánimo de cuyos fans puede no ser muy bueno si además no sabe que vas a tocar. A mi, personalmente, me dejaron con ganas de volverles a ver y de escuchar su nuevo disco, ya que una de las piezas que me gustaron más de su repertorio parece ser que va a estar en dicho nuevo disco.

Petty se hizo de rogar quinze minutillos de nada. Uno iba siguiendo por internet el futbol así que dicha espera tampoco es que se me hiciera muy larga. Arrancaron con “Listen to her heart” y aquello sonaba de muerte. Todo…bueno, el piano de Benmont Tench no es que se escuchara muy bién precisamente. Puede que hasta no se escuchara durante las primeras y atronadoras dos canciones de la noche, la susodicha y una maravillosa “You wreck me” donde la guitarra de Mike Campbell lloraba de pura placer. Qué maravilla!. qué clase, qué forma de tocar, de comandar musicalmente al grupo, de llevar el tempo, el ritmo, todo, por dios, qué pasada de hombre. Con ese look a lo Rick Richards (Georgia Satellites), la mano derecha de Tom Petty fue para mí la gran sorpresa de la noche y a la vez la mayor de las alegrias. Peazo de guitarrista, joder, qué pasadón! El resto de la banda, por cierto, no parecían precisamente mancos, no. Una poderosa sección rítmica (vaya sonido de bombo!) comandada por el inmenso bateria Steve Ferrone y el sobrio pero tremendamente eficaz bajista Ron Blair, y un estupendo hombre multifuncional como Scott Thurston, ahora te hago unos coros de narices, ahora acompaño con fuerza con mi guitarra , ahora le meto un cojín de teclados por aqui o, sobretodo, ahora hago de “impersonator” de Roy Orbison y me marcó un antológico “Handle with care” a medias con el jefe Tom que vamos, de lagrimita pura. El hitazo de los Travelling Willburys fue de esos momentos en que a uno se le hace un nudo en la garganta de cojones y que te hace sentir, bueno, es que lo único que me queda es aplaudir a rabiar, hombre. Antes ya habíamos tenido el primer momento “gallina de piel” (de verdad) con “I won´t back dawn” (esas canciones que por si solas valen por todo un concierto…aunque Petty te la cante no exactamente como tu habías esperado…manias que tiene uno, ni caso) y habíamos vibrado a saco con “Here comes my girl”. Vamos, que las cinco primeras canciones fueron “de traca i mocador”, o sea, de “dos orejas y el rabo”. Luego pasamos a blusear de lo lindo con la impresionante “Good enough” y a homenajear a Peter Green con la versión del clásico de Fleetwood Mac “Oh well”, rockera y dura de pelar. A esas alturas a uno ya le salían los ojos de sus órbitas ante la exhibición de poderío de los Heartbreakers, aunque sufría un poquillo con su jefe. Sí, Petty es un super clase, de eso no hay dudas, y en el bolo del Grand Rex lo volvió a demostrar, cierto, pero yo le ví un poquito…cascadillo. La voz no, el tio cantó de cojones, como uno esperaba, con esa entonación tan reconocible, ese timbre único, pero sus movimientos no eran exactamente los más ágiles del mundo. ¿Qué ya tiene una edad? Sí, claro, por supuesto, pero qué quereis que os diga, al hombre le ví poco suelto, aunque en las tres ocasiones en que cojió el protagonismo con la guitarra cumplió con creces. En fin, que yo babeaba con el grupo y sencillamente disfrutaba con escuchar la voz de Petty. Los instrumentos me hacían casi sangrar las orejas y la voz me recordaba a quién estaba viendo y me ponia los pies en el suelo. No todo fue perfecto, claro, se podian haber ahorrado el hit de mediados de los ochenta (y que sonó como tal, vaya, ochentero a más ni poder) “Don´t come around here no more”, pero bueno, tampoco molestó excesivamente, je je.  Y Petty se puso romanticón con “Free fallin´”, poderoso con “It´s good to be king” (maravillosa) e inesperadamente rockero con el homenaje al maestro del género, vamos, a Chuck Berry y su eterna “Carol”.

Así llegamos al tramo final del set, a las cinco últimas canciones, a la cuadratura del círculo perfecto iniciado con esas primeras cinco canciones que nos habían conquistado (y nockeado) hacía ya un buen rato. La recta final fue pues tan extraordinaria como la inicial, y si eso fue posible fue gracias, una vez más, a la maestria de ese gigante llamado Mike Campbell (que vamos, se ha ganado a lo grande un lugar en mi altar particular de monstruos de la guitarra) y al talento del resto de los Heartbreakers, además claro está de un Petty especialmente inspirado en “Learning to fly” (espeluznante, en serio, una barbaridad) y en el resto de piezas finales que sonaron a gloria bendita: “Yer so bad” (pero…¡estos tipos rockeran muy duro!), “I should have known it” (¿quién dijo que “Mojo” es un mal disco?), “Refugee” (uff, tiemblan los cimientos de la sala) y la despedida a lo grande, pero grande de verdad con una espectacular “Runnin down a dream”, broche de oro a un set de película (bises aparte) interpretada con verdadera maestria y dejando la sensación de lo que realmente es: un clásico eterno.

El bis, cantado y sabido por casi todos los allí presentes, se abrió con una espectacular “Mary Jane´s last dance”, un disfrute serio serio, y la esperada y deseada “American girl”, interpretada un poco precipitadamente, como quién quiere terminar ya mismo pero sabe que debe hacerlo con un tema más, el hit entre hits, la puntilla definitiva que no fue tanto por unas inauditas pocas ganas de la banda, o eso almenos me pareció. Vamos, que debió ser la apoteósis de toda la noche y se quedó un poco a medio camino, le faltó ( a la interpretación) un poco de épica, de grandiosidad…precisamente a una canción como ésta, grande entre las grandes. Ese calificativo lo reservo, al menos en lo que al concierto de Paris de refiere (claro), a la monumental ejecución de “Runnin down a dream”, que se lleva el premio al mejor tema entre el repoker de hitazos infalibles del repertorio de esa  noche.

En fin, que sí, se me ha notado, ¿no? Disfruté como un enano, sí, favorecido tremendamente por un repertorio infalible, a prueba de bombas, qué digo yo, a prueba de fans expertos (pero que no habian debutado con él en directo)  e inexpertos (como servidor), diseñado para que de ninguna de las maneras pudiera uno salir disgustado de un concierto que si algo ha hecho es descubrirme para siempre a los Heartbreakers y, sobretodo, a Mike Campbell. Una delicia, de verdad.

~ per picanyol a 29/06/2012.

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