Azkena 2011, 3 dias en Vitoria…

Azkena Rock es, pese a los muchos peros que se puedan encontrar a un festival, algo diferente. Azkena es, normalmente, sinónimo de que vas a encontrar en el cartel unas cuantas propuestas que por una u otra razón te atraen. Ya sea por la novedad, por el reencuentro o por la curiosidad, pero algo hay. ¿Mejorable? Sin duda, y para ello una muestra: ¿alguien entiende por qué no figuraba en el cartel de este año alguien tan “azkeniano” como John Mellencamp dado que su primera gira europea en muchos años empezaba el dia 24 de junio? Pero vamos, ahí puede haber pasado de todo, así que centrémonos en lo que más me gustó…aparte del txuletón del Sagartoki, convertido ya definitivamente en el nuevo templo gastronómico de Vitoria, almenos para una buena parte de sus visitantes.

JUEVES 23

Dolió (al bolsillo) que la organización decidiera que “el dia de los heavies” fuera el primero, y no el segundo como hubiera sido más lógico…para los “ozzy heads”, por supuesto. Reinaba en el ambiente esa sensación de las grandes citas, o mejor dicho de los grandes reencuentros, con todo lo que eso conlleva: excitación ante la perspectiva de escuchar de nuevo un buen pedazo de clásicos y temor ante el estado en que se pudiera presentar el viejo y para siempre entrañable “madman”. No es necesario negarlo, podía pasar de todo, y más manos apostaban a mal que a bién, pero Ozzy es como los gatos, qué digo yo, los supera, y de paso hasta se permite dar lecciones de profesionalidad y entrega a sujetos como Ian Astbury, cuyo respeto por su público está hoy en día más en duda que nunca. Ozzy no, él se entrega, participa y hace participar (a veces demasiado, cierto, pero…¿qué esperabais?), y obviamente sabe lo que la gente quiere. Tres trallazos de su primera obra en solitario, tres pedazos de la historia del heavy metal, tres motivos para empezar el concierto a todo gas como son “I don´t know”, “Suicide solution” y la inmortal y para siempre emocionante “Mr. Crowley”, cuyos minutos finales forman parte ya de la historia de este festival. Para rematar este fulgurante inicio se sacó de la manga un “Bark at the moon” de campeonato, que diria no tocó en sus dos anteriores visitas a territorio peninslar. Babilla. ¿Canta mal? Pues claro. ¿Puede moverse? Con dificultad. ¿A alguien le importa eso? No, por supuesto, excepto a los críticos de pacotilla, principalmente de periódico, que ni entienden ni han entendido nunca el por qué de su éxito. Peor para ellos. El resto disfrutó como un enano, vibró con la ración de clásicos de Black Sabbath (excelente “Fairies wear boots”, por cierto), coreó la imprescindible “Shot in the dark” (un poco gallina de piel y todo…) y se desmelenó al máximo con “Crazy train” (ese riff…) y la inevitable pero no por ello menos necesaria “Paranoid”. Y todos a casa (o al hotel, mejor dicho) con una sonrisa de oreja a oreja.

Antes del ozz-fest (festín, en este caso) tuvimos una buena ración de potente hard rock setentero con Black Country Communion, a los que aprecio hoy mucho más que ayer y con los que vibré de lo lindo con temas como la brutal “One last soul”. Que sí, que parecieron más bién el nuevo proyecto en solitario de un hiperactivo y rejuvenecido Glenn Hughes que una “power trio band”, y que Joe Bonamassa no tuvo el protagonismo (musical, escénico) esperado, pero a mi me gustaron. Y mucho. Luego tuvimos la tragicomedia de The Cult, a los que cogí con muchas (e inexplicables, por anteriores experiencias) ganas al principio (buen inicio con “Fire woman” y “Rain”) pero que no tardé en desencantarme “gracias” a la actitud pasiva, pasota e distraida de Mr. Astbury, más preocupado en meterse con la peña que estaba meando en un lado que en contentar a la parroquia que tenia delante. La prueba fueron unas desangeladísimas “Lil´ devil” y “Wild flower” que esperaba con auténtica devoción y que me hicieron maldecirle de nuevo 19 años después de la última vez que maldecí su insufrible directo…, hecho que me volvió a pasar en la irreconocible “Sweet soul sister”, penosamente interpretada. El simulacro de concierto que dieron The Cult milagrosamente remontó en los dos trallazos finales, unos más que dignos “She sells sanctuary” y “Love removal machine” que sin embargo no les salvan del suspenso. Grandes canciones, zero actitud, rutinaria interpretación. No me van a volver a ver en un concierto suyo…

Turno después para un Rob Zombie que se mostró como salido del tunel del tiempo, a medio camino entre su sonido más 90, más Whitezombiero, y su imagen de “serie B” entre entrañable y cutre a partes iguales. Su sonido me auyentó del escenario y me empujó hacia esos tremendos puestos de comida aborratodos de peña hambrienta entre los que también me encuentraba, pese a haber comido más que bién, recién llegados a Vitoria, en un magnífico restaurante que ofrecían un menú para chuparse los dedos. Al final ese mediodía opté por unas estupendas lentejas “pardinas” (las pequeñas) con verduras y chorizo, mientras mis infatigables compañeros de viaje (grandes Héctor y Carmina, verlos al final del report en una foto sin desperdicio alguno) preferían la ensaladilla y el pisto. De segundo triunfé con una ración de lubina exquisitiva, a la “vasca” (aceite-vinagre-ajo), mientras en el otro lado de la mesa creo recordar que cayó un confit de pato y unas pechugas de pollo con salsa de setas…mmmm…

Tuve hasta tiempo de echar una siesta y tras sortear la cola de rigor entrar a tiempo de ver unos veinte minutos largos de unos Eels un poco fuera de lugar, pese a optar por su vena más rock-soulera, la que curiosamente les hace parecer un grupo más vulgar de lo que realmente son, una exclente banda son grandes canciones. Hubo ganas, cierto, y algún que otro momento inspirado, pero no pintaban mucho en el cartel del jueves. Creo que hubieran encajado mejor el viernes….

A última hora del día, en ese momento en el que normalmente ya no estás para más conciertos salieron Kyuss Lives…pero lo siento, nunca conecté con ellos, y Ozzy me había hecho demasiado feliz como para ver algo más ese día.

VIERNES 24

Muchos alicientes no tenía, la verdad. El paso por la sidreria Sagartoki para degustar un buen bacalao me puso en órbita (más un pulpo y unas anchoas para ir entrando en calor, mientras mi buen amigo Toni optaba por un mero a la brasa brutal), y Cheap Trick consiguieron que vibrara con “Surrender” (uno de los grandes momentos del festival, sin duda) y con “I want you to want me”. Su show fue más que correcto, yo hasta diría que fue muy bueno, en actitud, en ejecución y en repertorio, pese a que me era un tanto desconocido. Sí, no han sido nunca mi banda de cabecera, pero ellos eran una de esas bandas que te alegras de poder ver…en el Azkena, esas oportunidades de las que hablaba al principio.

Primus me daban pereza, la verdad ante todo. Técnicamente perfectos, creo que posición en el cartel debería haber sido más baja, aunque cierto es que su concierto fue bueno, y también que cuando terminaron mi cabeza hacía unos minutos que había dicho “basta”. Hablando en plata, son muy freakies, mucho; entretuvieron al personal, sonaron de narices, cumplieron pues con su cometido.

Para terminar la noche, al menos por lo que a mi respeta, Queens of The Stone Age se me antojaban como lo que fueron, una muralla sónica ante la que nunca he acabado de conectar, una banda que gusta y mucho, que mostró tablas, una primera media hora brutal y un resto de bolo que fue descendiendo ligeramente hasta que me entraron unas ganas locas de empezar a desfilar. Sí, disfruté mucho con “Go with the flow” al principio del bolo pero su musica no me llega totalmente. Concierto bueno pero uno más, no me voy a convertir a estas alturas.

SABADO 25

El gran dia. Con permiso de Ozzy, pero el gran dia, en maýusculas. Gastronómicamente hablando fue grande; ese menú sidreria tremendo: pimientos de Gernika (he probado de mejores…), inmensa tortilla de bacalo, chistorra y un chuletón de oreja y rabo, sencillamente brutal. Musicalmente la cosa estaba caliente, caliente, y no solo por el bochorno que caía ese día…

Un gran aperitivo con Avett Brothers como estrella principal y Band of Horses de invitados de lujo y un Gregg Allman al que sinceramente no esperaba tener el placer de ver en directo nunca. Los Avett estuvieron geniales, mucho más festivos de lo que podía esperarse…o no, si tenemos en cuenta que estaban tocando en u festival y a una hora en que era necesario un poco de marcha. Y vaya si la dieron! No se olvidaron de su parte más introspectiva, fabulosa por otro lado, cuyo máximo exponente fue “I and love and you” pero ya he dicho que su bolo fue ante todo una fiesta en toda regla. Triunfaron y el publico se quedó con ganas de más.

Casi sin respirar Band of Horses salieron en el otro escenario ante una audiencia ávida de sus éxitos y prácticamente entregada de antemano. Buenas canciones, concierto correcto pero con la posibilidad alta de aburrirte si no conectabas de inmediato con ellos y/o conocías bien su repertorio. Mejor en una sala, ciertamente.

Gregg Allman me regaló, nos regaló un maravilloso recital, trufado de referencias a Allman Brothers pero fiel a su estilo en solitario, esto es, no calcar esas canciones sinó ofrecer su propia lectura, algo que mucha gente no supo apreciar y que incluso criticó, afirmando que había “despistado” a sus propios fans…¡que tristes son aquellos críticos que se creen gurus y se permiten la licencia de criticar abiertamente pensando que su palabra es siempre la correcta! No digo que la mía lo sea, ya veis, al contrario, pero a veces la tentación de criticar a una leyenda es demasiado cool, demasiado grande como para dejarla escapar, como mostrando una supuesta entereza y objetividad crítica que deja mucho que desear. Allman, a ojos de sus fans, de los míos, ofreció un espléndido concierto con momentos realmente brillantes, el cénit de los cuales fue el trozo final de la mítica “Whipping post”, el MOMENTAZO de todo el festival y uno de los más grandes de las diez ediciones que lleva el ARF. Acompañado por una fantástica banda donde todos eran maestros en lo suyo, Gregg Allman fue a la suya totalmente cuando se recreó en “Don´t keep me wondering”, esa maravilla del excepcional “Idlewild south”; emocionó profundamente en “Midnight rider”, “Dreams” o “Melissa” e hizo vibrar de lo lindo con “Satesboro blues”, en unas recreaciones libres de piezas de la inmortal banda sureña que no todos entendieron como era debido. Hubo también al menos un par de referencias a su carrera en solitario anterior a “low country blues”, magnífico nuevo disco que ya debería haber servido de guía a más de uno sobre lo que podia ofrecer Allman, como fueron “I´m no angel” y “Before bullets fly”; clásicos eternos como “Back to Daytona”, cantada con maestria por el viejo compañero de fatigas de Gregg, el percusionista Floyd Miles, referencias a su citado último disco y…clase, mucha clase, carisma a raudales y la sensación de ver un sueño cumplido.

Lo que vino después poco importaba ya, aunque me llevé una sorpresa más que agradable, casi mayúscula con The Whybirds y sus pegadizas melodías a cuatro voces (la mayoría de veces) que me retuvieron frente al escenario más pequeño durante toda su actuación, mientras en el principal Paul Weller ofrecía una magnífico recital (según sus fans) que no me hubiera disgustado ver, por aquello de la consabida oprtunidad de ver a grandes clásicos de la musica por los cuales nunca te has interesado y por los cuales a veces sigues sin interesarte. Brian Setzer era otro de ellos, y sí que seguí su rutinaria actuación, toda enterita, sin acabar de conectar con ella, probablemente porque Setzer salió a cumplir y porque aquello no estalló de verdad hasta que atacó, en el bis, el gran himno de Stray Cats, un “Rock this town” que sí puede considerarse otro de los grandes momentos de esta edición pero que no fue suficiente para que, al menos según mi impresión, el concierto fuera considerado como uno de los más relevantes. Estuvo bién, cierto, pero a mucha distancia del maestro Gregg Allman.

Thin Lizzy, o ¿debería decir Almighty haciendo versiones de la gran banda irlandesa?, cerraban el cartel, pero servidor se niega a verlos. Ayudó en ello a que directamente ya no podía más, pero es que no me parece de recibo que utilicen ese sacrosanto nombre y metan a Ricky Warwick al frente. No sé si lo hace bién o mal, pero ese no es el tema. Entiendo que todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, pero con un “a tribute to…” antes del nombre de la banda tendría suficiente. Llamarme quisquilloso, pero es que no tiene nombre lo que hacen.

Al mediodía siguiente, y bajo un sol de justícia, los que aún resistíamos (y sabíamos que era pecado mortal dejar escapar otra oportunidad de verlo) nos acercamos a ver lo que en principio debia ser un recital acústico de Gregg Allman en la plaza de la Virgen Blanca. Hubo muchas menos referencias a Allman Brothers, más clásicos eternos del blues, dos referencias a su último disco, las brillantes “You must be crazy” y “Just another rider” y una banda que de nuevo estuvo espléndida, si acaso menos exigida que la tarde anterior (muy poca gente para una leyenda de este calibre) y un líder que se permitió equivocarse (con humor) un par de veces y que sudó la gota gorda para llevar a buen puerto un show menos memorable pero igualmente encomiable respecto al del sábado. Pudimos volver a emocionarnos con “Don´t keep me wondering”, “Stratesboro blues” y la definitiva “Whipping post” y un servidor se despidió de él hasta el próximo viernes en Londres, donde tendré el placer de poder volver a disfrutar de su musica en un escenario más adecuado que la plaza vitoriana y que el Azkena Rock.

Un año más he disfrutado mucho de mi estancia en una ciudad ideal para cualquiera que le guste comer bién y que a la vez quiera darse un atracón (o no) de conciertos a diez/quince minutos de su hotel. Es, a pesar de esos cambios bruscos de temperatura (¡inédita la calor que hacía el sábado ya por la noche!), un sitio perfecto para juntar rock y gastronomía. Esos pinchos, esa cerveza en la plaza viendo el recital de turno de las 13´30 (por cierto, flojillo James Hunter el viernes, poca o nula presencia escénica, buena musica pero sin el plus adecuado de intensidad necesario para integrarte en el concierto), esas comilonas, esos “cachis” ya en el recinto del festi…y sí, también, esas colas para un “shawarma” o una pizza para compensar lo gastado al mediodía. Un placer de nuevo y, si no pasa nada raro, hasta el año que viene…

~ per picanyol a 28/06/2011.

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